No se ni porque estoy
haciendo esto, porque te escribo esta especie de carta, de confesión o de
declaración. Son tantas las palabras que vienen a mi mente que no logro
ponerlas en orden y darles un sentido. No se ni por donde empezar, mi interior
esta lleno de sentimientos encontrados, sentimientos que no me dejan dormir por
las noches ni vivir durante los días. Una forma de empezar podría ser diciendo
que lo siento, pidiéndote perdón, pero creo que eso sería injusto, sobre todo
para mi, ya que no considero que la culpa de esta historia sea solo mía. Las
cosas cambiaron muy rápido, se acabaron casi a la misma velocidad que
comenzaron. Tantas noches hablando hasta las tantas de la madrugada, tantas
palabras, tantos besos, tantos te quiero… muy pocos verdaderos aunque
intentásemos auto-engañarnos. Pasaron seis meses, seis meses sin miradas, ni
palabras, sin interés mutuo… y así, de repente, todo vuelve, pero ese todo a la
vez es nada. Le he dado muchas vueltas, he analizado mis pensamientos, o más
bien mis sentimientos y puedo decir, al fin, que nada, ya no me produces nada,
no me afectas en absoluto. ¿Suena cruel, verdad?. Sabes que prefiero ser
sincera y directa, aunque duela, es mejor que vivir engañado. Se que te
vas a enfadar y que no me vas a volver a mirar ni a dirigir la palabra; aunque
lo niegues, tanto tú como yo sabemos que esta historia nunca saldría hacia
delante, somos muy diferentes, demasiado. No se porque motivo paso lo que paso
la otra noche, no estoy diciendo que me arrepienta, pero tampoco me siento
orgullosa. No te estoy diciendo que quiera olvidarlo, o que no quiera volver a
verte, ni a saber de ti, simplemente quiero que intentemos ser amigos, algo que
ambos sabemos que es muy complicado, prácticamente imposible. No tengo mucho
más que añadir, solo necesitaba liberarme al fin de todo. Para mi esta historia
no tiene un punto y seguido, es un gran punto y final.

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