Hay
gente que, como yo, adora el otoño. Nos gusta el otoño porque es cálido y frío
a la vez. Es alegre y triste. Es el comienzo y es el final. Es el frío por las
mañanas, y el insoportable calor de algunas de sus tardes. Son los domingos de
terraza y cañas, y los viernes de cócteles hasta las tres. Es la vuelta a la
rutina y el ardiente café de las mañanas. Son las fiestas interminables y los
lunes infinitos. Son las hojas inundando toda la ciudad. Es la mezcla de
colores y el tímido sol del atardecer. Son las primeras mañanas de lluvia y las
tardes de domingo en la cama. Es el sofá, la manta y la buena compañía. Es ese
libro o esa canción que suena de fondo. Son las noches tranquilas, el vino
blanco y la tenue luz de las velas. Las tardes paseando. Es perderse y
encontrarse. Es descubrir cosas nuevas, y no asustarse por nada. El otoño está
para encontrar a alguien nuevo que te acompañe durante el frío y largo
invierno.